«No te folles ese robot»: ¿nueva ley de la robótica?

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Saltó a los periódicos la curiosa noticia en la que el fabricante de androides Softbank le pide a sus clientes (por contrato) que no abusen sexualmente de sus robots. Pepper, que es como se llama el robot en cuestión, no se ha pronunciado pero nos da la impresión de que o el mundo se ha vuelto muy loco o el cariño muy caro.

Pepper robot ©SoftBankSoftBank es el fabricante japonés de los androides Pepper, los primeros humanoides programados para entender las emociones de sus interlocutores. Están diseñados para educar y entretener, incluso son usados en algunas empresas como Nescafé como atención al cliente en sus tiendas de cápsulas de café en Tokyo.

El precio de este androide es relativamente barato, ronda los 200.000 yenes que serían unos 1.500 Euros. Es capaz de leer tus emociones, darte una conversación más o menos sólida, desplazarse con cierta autonomía, etc. Su uso comercial «para el hogar» no es algo masivo pero empieza a despuntar en este concepto de «juguete» en casa.

Quizás Pepper haya denunciado ya a alguno de sus propietarios pero nos ha sorprendido que la empresa desarrolladora haya añadido a las cláusulas de uso del dispositivo aquella que inhibe a sus usuarios a mantener relaciones sexuales con el androide. Más allá eso, está prohibido alterar su voz para que suene más sexy.

Quizás algunos clientes, pensando que es Pepper quien promociona las cápsulas de café en la tienda, hayan querido saber si tiene «algo» que el atractivo de George Clooney no ha superado todavía. Ciertamente es sorprendente que un fabricante haya detectado un uso tan íntimo en un humanoide. Quizás es el momento de desarrollar la ética robótica que se debe tener con esta tecnología y en qué puntos lo humano se debe quedar dentro de lo humano o traspasar a lo biónico.

¡Bip! ¡Bip!

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